Querid@s:quiero compartir con vosotr@s algo de lo vivido y sentido durante la visita del Papa a esta tierra Palestina, en la ciudad de Belén. Seguro que habéis seguido por la televisión algo de las noticias que estos días han dado. A tod@s os tuve muy presentes.
La ciudad de Belén con mayoría musulmana, pero lugar importante para los cristianos porque en ella nació Jesús, tiene el privilegio, por ley, de que su alcalde siempre debe ser un cristiano, que forma gobierno con representantes de los distintos partidos que acuden a las elecciones. Es por esto que la ciudad se preparó especialmente para recibir al Papa con mejoras en las calles y con cantidad de banderas pancartas dando la bienvenida al Papa y al presidente Abu Mazen.
El miércoles día 18, antes de las 8 de la mañana ya estábamos en la Plaza del Pesebre, con sitio para para poder sentarnos todo el mundo, esperando para la Eucaristía que se celebró a las 10. Esas dos horas de espera fueron como una fiesta nacional. Fueron llegando de todos los rincones de Palestina, incluso de los lugares más lejanos y con mayor dificultad en el recorrido: Gaza, Jenin, Nablus, Tulkaren. Taibeh, Ramallah, etc. Conforme los grupos entraban en la plaza se les recibía con cánticos. Especialmente emotiva fue la llegada de los cristianos de Gaza, y un gran aplauso se unió a los cantos. El Papa llegó puntual y en papa-móvil, no en helicóptero como estaba planeado por cuestiones de seguridad, así que hubo gente que lo pudo ver en parte del recorrido.
En la Plaza del Pesebre, que no es más grande que la plaza que hay delante de la Delegación del Gobierno y Hacienda,(para l@s que conocen Alicante) pusieron más de 5.000 sillas así que estábamos apiñados. Yo pensé que era todo un símbolo. En Palestina, que las ciudades están cada vez más cerradas por la construcción del MURO, también a la hora de celebrar y recibir al Papa, el espacio más grande de Belén era ese, había que estar también con la sensación de falta de espacio. El punto positivo fue que todos estábamos muy cerca del altar y se seguía todo muy bien.
Todo el ambiente fue muy familiar. La Eucaristía muy popular: partes en árabe, en latín y en inglés. Fue muy bonito el canto de la segunda lectura en melodía bizantina y la del evangelio en rito siriaco. La gente vibró muchísimo y yo en más de una ocasión me encontré con los ojos llenos de lágrimas. Me sentí un poco palestina.
Por la tarde toda la comitiva papal pasó por delante de la residencia en tres ocasiones, yendo al campo de refugiados, después hacia la Mukata y por último cuando salió para Jerusalén a través del control que hay en el MURO cerca de la Tumba de Raquel. Por supuesto que la calle estaba completamente vacía. Sólo cada 10 metros soldados y policías dispuestos a disparar al menor movimiento extraño.
Salimos y preguntamos a los policías si podíamos estar en la calle para ver al Papa. Extrañados nos dejaron, al principio pegadas a la pared sin poder movernos, pero en cuanto ya estaba cerca el papa-móvil nos pusimos al borde de la acera para saludarlo. El papa-móvil aminoró la velocidad y el Papa, de pie, nos saludo muy sonriente. Imaginamos que alguien le explicaría que era una residencia universitaria del Patriarcado latino.
La visita al campo de refugiados (está a espaldas de la residencia) fue impresionante. La seguimos por televisión. El Papa habló muy claro de la necesidad de que los palestinos tengan su propio estado y la libertad para poder moverse por el. Tuvo palabras de esperanza para las familias de los que están en las cárceles israelíes y estuvocercano a los niñ@s que están teniendo una infancia tan difícil .Después la respuesta de los refugiados fue muy entrañable y preparada, se veía que con cariño y esperando del Papa que pueda servir de ayuda para la paz.
Yo creo que la gente aquí en Belén ha quedado muy contenta y los líderes palestinos y algunos israelíes también. Como ha dicho Simón Peres en una entrevista que le hicieron durante esos días, ha sido una visita para la historia y no para los periódicos. Simón Peres reconocía la valentía del Papa en hacer este viaje
En palabras del teólogo estadounidense Thomas D. Williams, "en esta vista el Papa habla en nombre de los judíos, alabando su herencia religiosa y defendiendo su derecho a la seguridad y autonomía. Habla en nombre de los palestinos y su derecho a la soberanía y libertad. Habla en nombre de los musulmanes, recordándoles lo mejor de su tradición religiosa con sus profundas convicciones y sentido culto al único Dios, Habla por los cristianos en su difícil estatuto de pequeña y sufrida minoría. En una palabra, habla a todos y para todos."
Confiemos y pidamos para que el puente hacia la paz tendido por el Papa en estas tierras podamos atravesarlo tod@s y en un futuro próximo la paz, la justicia y la libertad sea una realidad para el pueblo Palestino.
Belén, 21 de mayo 2009
Africa Martínez